Ana Lanz

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Consuelo Polantinos

“Mi madre fue bailarina, y desde que cumplí los 5 años, empezó a entrenarme en danza. Gracias a esto, mi hermana Sally y yo ganamos el primer y segundo lugar, respectivamente, en el concurso de “Shirley Temple” que se realizó en Guatemala. Yo estaba feliz de empezar mi camino en la danza, pero en Guatemala todavía no se conocía mucho sobre este arte.
Cuando yo tenía alrededor de 13 o 14 años, vino a Guatemala la maestra Marcelle Bonge y su esposo Jean Devaux. Como no teníamos un espacio o un estudio para ensayar, utilizábamos el patio de su casa, en zona 1. Recuerdo que éramos sólo dos alumnas: Fabiola Perdomo y yo. Luego ellos tuvieron la inquietud de subir el nivel de la danza y consiguieron el apoyo del Gobierno de Arévalo para empezar a formar lo que fue en sus inicios el Ballet Guatemala. Entonces se realizó una

Eddy Vielman

Eddy Portada

Puedo decir que la danza ha sido mi vida entera. Desde el inicio me sentí atrapado por ella. En mi etapa de adolescente yo había visto bailar a grandes personalidades de la danza como Richard Devaux. Él me inspiró a tomar la danza en serio y así fue como empecé a tomar clases. Tenía en ese entonces 14 años.
Mi etapa como bailarín la inicié en el Miami Ballet. Precisamente estaba becado en el Conservatorio de Miami y algunos de los alumnos fuimos seleccionados para pertenecer a la compañía. Ahí pude darme cuenta que la danza es realmente una profesión. Tuve también la oportunidad de pertenecer al Ballet Nacional de Guatemala y desempeñarme como bailarín y coreógrafo.
A partir de un curso que fui a tomar a Bulgaria, la docencia llamó mi atención y empecé a trabajar en ciertas habilidades que tenía que desarrollar para desempeñarme en ese ámbito. Creo que

Dale tiempo al cuerpo

Bianka

 
Por Bianka Novella
Los accidentes y las lesiones suceden aunque entrenemos para fortalecer articulaciones, músculos, tendones, ligamentos; aunque nos desenvolvamos en nuestra zona segura y practiquemos el mismo movimiento docenas de veces. Llegan en lo que parece ser el peor momento: el día antes de la presentación, la mañana antes del examen, la semana antes de empezar un nuevo proyecto, el mes antes de un entrenamiento en el extranjero. Llegan en un instante, a veces tan rápido que solo te das cuenta de lo que pasó hasta que ya estás en el suelo. Llegan con enojo, frustración, preocupación y miedo. Pero llegan a cambiarte la perspectiva por completo y a dejarte claro que sin la danza no te sientes completo.
El proceso de recuperación es más duro y retador de lo que te pudiste haber imaginado el día de tu diagnóstico. Hay días que se sienten eternos y te dejan el alma

Josué Barrios

“Antes de empezar en este camino no tuve mucho acercamiento con el arte en general. Me gustaba bailar pero nunca lo consideré como algo serio. Desde el colegio me dicen “El Pollo” y en los últimos años de clases, participé en algunas coreografías con mis compañeros. De hecho, me pasaba mucho más tiempo bailado que trabajando en mis últimos proyectos para  poderme graduar. Mis maestros siempre me alentaron para que continuara bailando y fue entonces cuando pensé que esto de bailar realmente me gustaba.
Al momento de buscar una carrera para estudiar en la universidad me encontré con la Escuela Superior de Arte, en la USAC. Para ese momento yo no tenía idea de lo que era la danza contemporánea. Busqué en internet y el término me dejó con muchas dudas, pero decidí que eso era lo que iba a estudiar. Les conté a mis papás y al principio no estaban

Norman Barrios

“Con mi familia vivíamos en un área donde había mucha delincuencia, y mi mamá no quería que creciéramos en ese ambiente. Por eso ella quiso inscribirnos en danza, en música o en diferentes ramas del arte. Inicié mis estudios en danza a los 9 años y para ese entonces ya todos mis hermanos mayores estaban inscritos. Creo que las artes y la danza fueron una salvación y una salida para todos nosotros.
Yo estudiaba en un instituto para varones, y cuando ingresé a la Escuela Nacional de Danza había 60 niñas y 2 niños. Fue impactante el cambio que sentí de estudiar solo con hombres, a que en la Escuela de Danza fuera casi el único varón.  Yo sabía que no podía ir a decirles a mis amigos del instituto que también estaba estudiando ballet, porque era seguro que me iban a molestar. Entonces jamás hice comentarios acerca de eso.
Conforme iba