Dale tiempo al cuerpo

Bianka

 

Por Bianka Novella

Los accidentes y las lesiones suceden aunque entrenemos para fortalecer articulaciones, músculos, tendones, ligamentos; aunque nos desenvolvamos en nuestra zona segura y practiquemos el mismo movimiento docenas de veces. Llegan en lo que parece ser el peor momento: el día antes de la presentación, la mañana antes del examen, la semana antes de empezar un nuevo proyecto, el mes antes de un entrenamiento en el extranjero. Llegan en un instante, a veces tan rápido que solo te das cuenta de lo que pasó hasta que ya estás en el suelo. Llegan con enojo, frustración, preocupación y miedo. Pero llegan a cambiarte la perspectiva por completo y a dejarte claro que sin la danza no te sientes completo.

El proceso de recuperación es más duro y retador de lo que te pudiste haber imaginado el día de tu diagnóstico. Hay días que se sienten eternos y te dejan el alma cansada, mientras otros pasan en un abrir y cerrar de ojos y te dan un poco de ánimo. La terapia duele y te deja tan agotado como en esos días que corrías de una clase a otra y te entrenabas por horas.

El dolor no solo se vuelve un compañero constante, también es un recordatorio diario de todo lo que te falta por sanar. Ahora ves a las personas pasar y de inmediato te pones a evaluar cómo se mueven, ahora piensas en todo el esfuerzo que requiere hacer la mitad de lo que ellos hacen, te preocupas porque se nota que no cuidan su cuerpo, e inevitablemente escuchas la voz de tu terapeuta diciendo “talón, metatarso, deditos, dobla la rodilla”. Ahora no logras acostumbrarte a los días de reposo obligatorio, a ver tu cuerpo cambiar y debilitarse por la falta de ejercicio y mucho menos a sentir que falta una parte de tu corazón porque no podés bailar.

Y es duro, porque estás acostumbrado a que el cuerpo responda y aunque sabés que el momento de retomar tu pasión va a llegar, por ahora, por hoy, te sentís más lejos que nunca. Y es inevitable preguntarte si ese camino siquiera es para ti, si volver a bailar se va a sentir igual, ahora que el simple hecho de caminar te produce miedo. Y es en ese momento en el que tenés que poner pausa, ver hacia atrás y darte cuenta de lo lejos que has llegado. Y es allí, cuando te das cuenta que toda la batalla vale la pena, y que no queda más que dar gracias por vivir esta experiencia.

Así que agradece la oportunidad de apreciar cada centímetro de tu cuerpo, de valorar el esfuerzo, coordinación y agilidad que requiere el simple hecho dar un paso y de tener un instrumento que te permita moverte por el espacio. Agradece que el proceso de recuperación sea largo, pues te da tiempo de cuestionar tu arte, de replantearte patrones de movimiento y de explorar aquellos lugares que estando sano no habrías encontrado.

Agradece el silencio para aprender a escucharte, las citas interminables con el doctor y la frustración y lágrimas que acompañan la terapia, para siempre mantenerte humilde y recordar que somos vulnerables y frágiles.

Agradece que a pesar de tu lesión estás vivo, respirando el aire que impulsa tus movimientos, caminando por los espacios en los que has bailado antes, soñando con las mismas ganas de siempre. Agradece que el cuerpo es sabio y sabe sanar, que tienes la oportunidad de volver a bailar. Agradecé que hoy fue un día menos para volver a bailar.

Fotografías de Dance Statement por Karla Álvarez

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