Benjamín Calderón

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“Vengo de una familia desintegrada. Aun así, mi mamá siempre me apoyó en lo que yo quisiera emprender. Todos los días, después del colegio, me llevaba a mis actividades extracurriculares. (Creo que ella me inscribía en tantas cosas solo para mantenerme ocupado). Estuve en gimnasia, natación, waterpolo, baseball, música y finalmente ingresé a la Escuela Nacional de Danza.

La historia de cómo terminé en la Escuela es bastante graciosa. Mi hermana ya recibía clases de ballet ahí, y a mí me tocaba esperar a que ella terminara para irnos a casa. Entre sus compañeras de clase había una que me gustaba mucho. Entonces se me ocurrió preguntarle a mi mamá si podía inscribirme a las clases de ballet. Ella me preguntó si yo estaba seguro y le dije que sí, sin dudar. Al principio lo veía como un pasatiempo, pero poco a poco le fui tomando amor a la danza.

Fue difícil estar en el colegio y en la escuela de danza al mismo tiempo. Mis compañeros de clases me molestaban y se burlaban cuando se enteraron que hacía ballet, hasta la propia maestra de grado hizo comentarios que me hirieron. Entonces me cambiaron de colegio y opté por callar. No comentaba con nadie sobre el ballet por temor a que me pasara de nuevo. A partir de esa experiencia, soy muy selectivo con las personas que hablo.

Estando en Miami para unas vacaciones familiares, tuve la oportunidad de audicionar para una beca de estudios en Miami City Ballet School. Gané la audición, regresé a Guatemala a preparar mi papelería en la Embajada y a partir de esta oportunidad, supe que lo que quería hacer era bailar ballet clásico.

Estuve estudiando dos años en Miami hasta que se terminó el curso y regresé a Guatemala. Formé parte del Ballet Moderno y Folklórico y ahí tuve la oportunidad de bailar coreografías modernas y contemporáneas, además de viajar a diferentes países de Latinoamérica y Europa. Luego ingresé al Ballet Nacional de Guatemala al cual pertenezco hasta ahora.

He tenido varios accidentes que me han dejado lesiones. Es por eso que los tatuajes que tengo me recuerdan lo agradecido que debo estar por la oportunidad que me da la vida de seguir bailando. Quisiera decirles a los bailarines jóvenes que sean perseverantes. Es difícil ser bailarín en Guatemala. Aquí no se gana mucho, económicamente hablando, pero la satisfacción que te da el estar parado en un escenario es invaluable e indescriptible. Además, no se conformen. Investiguen, experimenten. Hay una frase que dice “La fuerza no viene de lo que podamos hacer, viene de superar las cosas que una vez pensamos que no podíamos hacer”

Creo que en Guatemala hay una división innecesaria entre bailarines de contemporáneo y/o moderno, folklore y los de ballet clásico. Un bailarín debe ser integral y debe disfrutar y respetar todo tipo de movimiento, ya sea técnico, orgánico o popular. Toda técnica es un complemento para el bailarín y lo hace crecer.

Ahora que veo hacia atrás y me doy cuenta de todo lo que logrado, me sigo sorprendiendo. Solo me queda dar gracias por el apoyo de mi familia y de mis maestros, en especial a Manuel Ocampo, Antonio Crespo, Roberto Castañeda, Linda Villela y Fernando Navichoque. También a todas las personas que han estado en los momentos más difíciles de este proceso y que no me han dejado desmayar.  Solo me queda decir ¡GRACIAS A LA VIDA! por permitirme bailar.

 

-Benjamín Calderón

 

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Fotografías de Dance Statement por Karla Álvarez

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