Nicolás Miranda

“A temprana edad supe que quería bailar Ballet. Quizás fue porque mi hermana recibía clases de Jazz o porque vi la película de Billy Elliot. Tenía 6 años cuando le dije a mi mamá que quería empezar a tomar clases. A ella le pareció extraño por el tabú de que los hombres no bailan ballet; pero decidió apoyarme. Creo que he sido muy afortunado al contar con el apoyo de mi familia desde pequeño.

Somos de Antigua Guatemala, y un día nos encontramos con la maestra Gilda Jolas, quien fue de las primeras en dar clases en Antigua. Mi mamá le preguntó si recibía varones en su escuela, y ella se sorprendió al conocer a un niño tan pequeño que estuviera interesado en tomar clases. Recibí mi clase de prueba y desde entonces me enamoré de la danza.

Sin embargo, no todo se me dió fácil. Una de las mayores dificultades que tuve, y que otros bailarines también han tenido, es el transporte. Estuve recibiendo clases en Antigua durante 3 años pero estaba consciente de que tenía que tomar clases más profesionales si quería llegar a ser bailarín, y sólo en la ciudad habían escuelas formales de danza clásica. Conocimos la Escuela Municipal de Danza y mi mamá hizo el esfuerzo para traerme todos los días en bus desde Antigua. Me cambiaba en el bus y a veces no me dejaban entrar a las clases porque llegaba tarde. Así que tuve que abandonar las clases en la Escuela Municipal por un tiempo.

Nunca dejé de bailar. Seguía formándome en Antigua hasta que cumplí 14 años y ya podía movilizarme solo. Me iba en bus y venía a la ciudad a tomar mis clases en la Escuela Municipal. Ahora que pude mudarme para la ciudad es un poco más fácil. Tengo 19 años y se que aún me falta mucho por aprender.

En el ballet clásico existe mucha competencia entre bailarines. Pero es necesario formar consciencia de que siempre habrá alguien mejor que uno. Yo antes pensaba que un bailarín debía ser envidioso con su talento, pero he cambiado. Me di cuenta que la humildad te abre muchas puertas y la colaboración con otros puede dar muchos frutos.

Creo que la danza es mi vida entera. Es mi cuerpo, mi pensar y mi movimiento. Aspiro muchísimo y se que puedo llegar lejos, con mucho esfuerzo. Sueño con pertenecer a alguna compañía prestigiosa de Ballet a nivel latinoamericano. Mi consejo para los bailarines que recién inician es, que nunca se den por vencidos y que perseveren en su lucha por alcanzar sus sueños.”

– Nicolás Miranda

O

Fotografías de Dance Statement por Karla Álvarez 

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